Cuánto cobrar por implementar IA en una herramienta que el cliente ya paga
Las dos cuentas que hacemos para poner precio —lo que me cuesta y lo que le ahorra— no son las que deciden. Decide contra qué lo compara el cliente.
Cuando tenés que ponerle precio a un trabajo, la primera cuenta que hacés es la tuya: cuántas horas te lleva, qué tan difícil es, qué sabés vos que el otro no sabe. Es la cuenta natural y es la que menos importa.
La segunda parece más inteligente. En vez de mirar tu costo, mirás lo que el cliente se ahorra. "Con esto vas a necesitar una persona menos: son mil quinientos por mes." Eso ya es una cuenta de negocio, cierra por todos lados, y también falla.
Estoy en el medio de ese problema ahora mismo. Lo escribo sin la respuesta, porque todavía no la tengo.
El caso
Una empresa usa una herramienta de WhatsApp para gestionar la atención al cliente. Un solo número de teléfono, varias personas atendiendo, control de cuánto tarda cada conversación y cuántas resuelve cada uno, y un bot adentro que va derivando los mensajes a donde corresponde.
Esa herramienta tiene la opción de sumarle inteligencia artificial. El cliente la contrató. Está pagada y no está configurada, y configurarla es mi trabajo.
La herramienta le cuesta alrededor de trescientos reales por mes. La implementación de la IA es bastante más complicada que la herramienta en sí, va a acelerar y mejorar la atención, y es posible que le permita tener una persona menos.
Yo hago mi cuenta: se ahorra mil quinientos por mes.
Él hace la suya: si la herramienta completa me sale trescientos, ¿cómo va a costarme el doble o el triple ponerle una función adentro?
Las dos cuentas están bien hechas. La que decide es la de él.
El mototaxi
Un mototaxi te lleva de acá hasta la plaza y te cobra cinco reales.
Ahora supongamos que en vez de la moto lo teletransportás. Llega en cero segundos, sin casco, sin lluvia, sin riesgo de que lo choquen. Es infinitamente mejor que la moto. No le vas a poder cobrar quinientos reales.
No importa que tu solución sea superior. El tipo no estaba comprando tecnología: estaba comprando llegar a la plaza. Y llegar a la plaza cuesta cinco.
Tampoco funciona el argumento del otro lado. No le podés decir "mirá, comprarte una moto te sale ocho mil reales, así que quinientos es barato". Es verdad, y no le interesa. Sigue sin querer una moto.
Esa es la regla: el cliente compara contra lo más barato que él cree que se te parece.
Fijate que las dos cuentas del principio son exactamente esos dos errores.
- Cobrar por mis horas es cobrar por lo que me costó armar el teletransporte.
- Cobrar por el empleado que se ahorra es la moto de ocho mil.
Y en mi caso, lo más barato que se me parece son los trescientos reales de la herramienta. No importa que configurar la inteligencia artificial sea más difícil que la herramienta entera. Está adentro de la misma cosa, se abre en la misma pantalla, entra en la misma factura. Se le parece.
Lo que sí se puede mover
Acá está la parte que me faltaba entender, y no es la buena noticia que parece.
No estás condenado a los cinco reales. Podés llegar a doce, a quince, a veinticinco — dependiendo de lo que tenga el teletransporte que la moto no tiene. Que llega en cero segundos, que no se moja, que no lo choca nadie. Si sabés nombrar la diferencia, el número se mueve.
Lo que no vas a hacer nunca es llegar a los quinientos que tenías en la cabeza.
Eso es distinto de lo que se dice siempre sobre posicionamiento, que es "cambiá contra qué te comparan y cobrá lo que valés". Se puede correr la comparación, sí. Pero se corre unos metros, no se cambia de barrio. El ancla del cliente no desaparece porque vos argumentes bien.
La trampa que empeora todo
Hay algo que juega en contra y tiene nombre: la ilusión de trabajo. La gente valora un resultado según el esfuerzo que ve, no según el resultado.
Es la vieja historia del técnico que cobra diez mil por apretar un tornillo: un real por apretarlo, nueve mil novecientos noventa y nueve por saber cuál tornillo apretar. En esa historia el tipo gana la discusión. En la vida real, casi siempre la pierde.
Y a vos te opera al revés que a un principiante. Cuanto mejor sepas hacer algo, menos vas a tardar. Si resolvés en tres días lo que otro tardaría un mes, el otro cobra más que vos por un resultado peor, porque el cliente le vio el mes de trabajo encima. Tardó poco, tiene que ser más barato. Es una cuenta que nadie dice en voz alta y que todos hacen.
Y el teletransporte es el caso extremo: tarda cero segundos.
Dónde estoy
Sin número todavía.
Lo que cambió es de dónde lo voy a sacar. No de mis horas, y no del sueldo que se ahorra. De los trescientos reales que ya paga, más lo que consiga mover si logro nombrar qué tiene esto que la herramienta sola no tiene.
Y hay dos números, no uno: la implementación, que se paga una vez, y la mantención mensual, si es que se puede cobrar una mantención mensual. Sospecho que las dos se miden contra cosas distintas, pero eso todavía no lo pensé bien.
Cuánto termino cobrando, lo vemos en el próximo capítulo.
El precio no sale de lo que te costó ni de lo que le ahorra. Sale de contra qué te compara, y eso se corre unos metros, no se cambia de barrio.
Antes de cotizar: averiguá qué está pagando hoy por la herramienta a la que te vas a colgar. Ese número, y no el tuyo, es el que va a estar en su cabeza cuando lea tu propuesta.